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Insomnio: abuso de benzodiacepinas y tratamientos no farmacológicos

Introducción

El insomnio crónico es un trastorno de sueño con alta prevalencia, con importantes consecuencias en la salud y en la calidad de vida del paciente y, con altos costes económicos y sanitarios. Aproximadamente un 10% de la población general de los países industrializados padece este trastorno, observándose una mayor prevalencia en mujeres1 y en personas de mayor edad. Por otra parte, los datos de prevalencia de los estudios realizados en el contexto de la práctica clínica, tanto en los centros de medicina general como en los centros especializados, difieren substancialmente al alza, dando datos de prevalencia mucho más altos. Muchos metaanálisis muestran que, además de la repercusión que produce el insomnio a nivel físico, anímico y cognitivo y en la calidad de vida de los pacientes, el insomnio crónico constituye un factor de riesgo para la hipertensión arterial, el infarto de miocardio, las alteraciones cardiovasculares crónicas2, para la diabetes tipo II3, la depresión mayor4 y el deterioro cognitivo5, entre otras. Además, muchos estudios epidemiológicos señalan también al insomnio crónico como un factor de riesgo para las bajas laborales y para el aumento de los accidentes de trabajo y de tráfico6.

Por otro lado, a las consecuencias del insomnio per-se, hay que añadir los efectos adversos derivados del consumo inadecuado y/o del abuso de los fármacos normalmente utilizados como tratamiento del insomnio -especialmente las Benzodiazepinas (BZDs) y los Agonistas de los Receptores Benzodiazepínicos (BZRAs)-. La dependencia, tolerancia, sedación diurna, problemas de memoria, etc., asociados al consumo continuado de estos fármacos no son un problema menor. Se estima que, en la Unión Europea, el coste anual de la terapia para pacientes que requieren hospitalización debido a caídas como resultado del uso de BDZs es de casi 1.800 millones de euros7. Las personas que toman BZRAs (fármacos “Z”) a menudo experimentan, de manera similar a las BZDs, somnolencia diurna excesiva, trastornos cognitivos y riesgos similares de caídas, fracturas y accidentes de tráfico8. La evidencia científica señala además que, el tratamiento de primera línea para el insomnio crónico, consiste en la aplicación de las estrategias cognitivo-conductuales diseñadas específicamente para este trastorno. Estas técnicas de tratamiento, a las que se hace referencia normalmente con las siglas CBT-I (Cognitive Behavioural Therapy for Insomnia), han demostrado eficacia clínica, con efectos duraderos a largo plazo sin efectos secundarios significativos. Sin embargo, estas estrategias de tratamiento no son las más utilizadas en la práctica clínica. Probablemente la falta de profesionales entrenados, la duración del tratamiento (6-8 semanas) y los recursos de tiempo y personal que implican, hacen decantar la balanza hacia los tratamientos farmacológicos.

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El Dr. Segarra declara no tener ningún conflicto de intereses vinculado con el proyecto encomendado.